En vivo
El Gobierno confirmó un paquete de medidas económicas de emergencia tras la corrida cambiariaConfirmaron el tercer detenido por el crimen que conmociona a todo el barrio de FloresMilei se reunió con gobernadores y adelantó cambios en el reparto de fondos coparticipablesAlerta amarilla por tormentas fuertes para el AMBA y gran parte de la provincia de Buenos AiresLa Selección Argentina ya tiene la lista de convocados para la próxima doble fecha de EliminatoriasEl Gobierno confirmó un paquete de medidas económicas de emergencia tras la corrida cambiariaConfirmaron el tercer detenido por el crimen que conmociona a todo el barrio de FloresMilei se reunió con gobernadores y adelantó cambios en el reparto de fondos coparticipablesAlerta amarilla por tormentas fuertes para el AMBA y gran parte de la provincia de Buenos AiresLa Selección Argentina ya tiene la lista de convocados para la próxima doble fecha de Eliminatorias
Última Hora
IA

Argentina y la carrera de la IA: de la Clementina al futuro

El apagón de 90 minutos que Anthropic sufrió ordenado por Washington mostró cómo los gobiernos deciden quién accede a la IA. Argentina tiene historia de innovación nuclear pero pierde décadas en tecnología informática.

Por Redacción Última Hora·Hace 8 h·4 min de lectura
WhatsAppXFacebookCompartido 0x

El incidente Anthropic: cuando un gobierno cierra la IA en 90 minutos

El 9 de junio de 2026, Anthropic lanzó modelos de inteligencia artificial de gran potencia. Tres días después, el gobierno estadounidense ordenó apagarlos para usuarios no ciudadanos. La orden invocó controles de exportación por seguridad nacional. La empresa tuvo 90 minutos para cumplir. Semanas después se levantó la restricción, pero el mensaje fue claro: la soberanía tecnológica no es negociable en Washington.

Este episodio expone una vulnerabilidad geopolítica que afecta a toda la periferia global. Como señaló un análisis editorial: "Si el gobierno de un país puede decidir, de un día para el otro, quién accede a la IA y quién no, ningún otro país está a salvo de despertarse un día sin ella". La lección resuena con particular intensidad en América Latina, donde la dependencia tecnológica ha sido la norma durante décadas.

La historia de interrupciones: Clementina, ESLAI y el patrón argentino

Argentina no es ajena a estos cortes abruptos. El país puede rastrear en sus archivos tecnológicos un patrón recurrente de innovaciones interrumpidas por decisiones políticas. En 1961, Manuel Sadosky trajo la computadora Clementina a la Universidad de Buenos Aires. Fue la primera máquina de cálculo de su tipo en Sudamérica. Durante 10 años funcionó como centro de investigación y formación, hasta que en 1971 fue apagada tras la intervención universitaria de la dictadura de Onganía.

El patrón se repitió dos décadas después. En 1986, ya restaurada la democracia, se creó la Escuela Superior Latinoamericana de Informática (ESLAI), una institución pionera en software. Apenas 5 años después, en 1991, fue cerrada cuando el gobierno de Menem asumió y cambió las prioridades presupuestarias. Dos interrupciones, dos oportunidades perdidas, dos generaciones de profesionales que debieron emigrar o reconvertirse.

La capacidad nuclear que el mundo respeta (y que sí se sostuvo)

Pero hay otra cara de la historia argentina en tecnología de punta. Mientras Clementina se apagaba y ESLAI cerraba sus puertas, Argentina desarrolló una capacidad nuclear que perdura hasta hoy. El Instituto Balseiro, fundado en 1955, ha formado ininterrumpidamente físicos e ingenieros nucleares durante más de siete décadas. INVAP, la empresa estatal-privada que surgió de ese ecosistema, construye reactores nucleares y satélites de observación que se exportan a nivel mundial. Argentina opera tres centrales nucleares en funcionamiento.

¿Por qué la energía nuclear se sostuvo mientras la informática naufragaba? Porque la seguridad nacional fue siempre la prioridad. Los gobiernos, sean autoritarios o democráticos, entendieron que ceder en soberanía nuclear era ceder territorio. Tanto es así que cuando el país desarrolló capacidad de reprocesar plutonio en los años setenta, la comunidad internacional reaccionó: en 1975 se formó el Club de Londres para restringir transferencia de tecnología sensible. Canadá y Alemania comenzaron a exigir salvaguardias más estrictas.

Argentina resistió. Negoció. Y mantuvo su capacidad nuclear porque la entendió como estratégica. No la cerró cada vez que cambió un gobierno, aunque los incentivos externos para hacerlo existían.

Las leyes de conocimiento: el primer intento real de continuidad

Hace apenas años, Argentina comenzó a intentar lo que nunca había logrado en informática: continuidad de largo plazo. En 2004 se sancionó la Ley de Software, que derivó en la Ley de Economía del Conocimiento en 2019. Esta última tiene vigencia hasta 2029. Es decir, lleva más de 20 años de leyes consecutivas que atraviesan gobiernos de distinto signo político (seis presidencias han pasado desde 2004).

No es un logro menor. Por primera vez, el sector de tecnología informática argentina cuenta con reglas de juego predecibles que no dependen de quién esté en la Casa Rosada. Las empresas pueden planificar, invertir, formar talento. Los hyperscalers globales, que invertirán USD 725.000 millones en 2026 en infraestructura de IA a nivel mundial, encuentran en Argentina un espacio legal estable. OpenAI ya comprometió más de un billón de dólares en infraestructura hasta 2035.

El dilema: soberanía versus integración

El incidente Anthropic plantea una pregunta incómoda: ¿puede Argentina desarrollar capacidad propia en IA o debe conformarse con ser territorio de inversión de empresas estadounidenses? La experiencia nuclear sugiere que la soberanía es posible si hay visión de estado. Pero la experiencia en informática sugiere que sin continuidad política, sin instituciones blindadas de cambios de administración, todo se desmorona.

La ventana de oportunidad actual es real. Los hyperscalers necesitan inversores. Argentina tiene leyes de estabilidad, acceso a energía, universidades con tradición en ingeniería. El Instituto Balseiro sigue formando científicos de clase mundial. Pero la pregunta es si la clase política entenderá que la IA es como la energía nuclear: o se trata como asunto de estado, o se pierde.

De lo contrario, en una década más, alguien escribirá sobre cómo Argentina tuvo su oportunidad entre 2024 y 2029, cuando la Ley de Economía del Conocimiento estuvo vigente, y la dejó pasar. Quizás habrá un nuevo "apagón", esta vez porque un nuevo gobierno canceló los incentivos fiscales o cerró las universidades que formaban talentos. El ciclo de Clementina y ESLAI se repetiría, pero esta vez en la era de la inteligencia artificial.

Comentarios (0)

  • Todavía no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!

Seguí leyendo

IA en Argentina: la lección de Anthropic y el futuro | Última Hora | Última Hora